15 minutos para decir NO

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15 minutos para decir NO

En 1988, el General Augusto Pinochet convocó un referendo para definir si su presidencia continuaba o si salía del cargo. A simple vista, los ciudadanos chilenos solo tenían que elegir entre dos opciones, y al mismo tiempo sólo tenían esas dos opciones: el SÍ y el NO. Otros solo tenían una: votar por la primera. Los altos cargos del gobierno y los detractores pensaban que esta iba a ser la ganadora.

¿Por qué daban por sentado que Pinochet iba aganar? Porque Pinochet nunca había sido elegido. Llegó al poder por la fuerza y se mantenía por la fuerza. Casi 20 años antes, había comandado con otros miembros de la cúpula militar chilena un ataque contra la Casa de la Moneda, en donde se encontraba el presidente electo Salvador Allende; un socialista que había hecho públicas las empresas del cobre.

Desde ese momento, y luego de haber “aceptado” su designación como presidente por la junta militar que se tomó el gobierno, Pinochet instaló una dictadura militar de la cual muchos chilenos siguen estando orgullosos, aunque otros aún sufren por las desapariciones de sus seres queridos, por las muertes y crímenes de Estado. Que la autoría de esos crímenes sea de Pinochet no es mi problema ahorita, pues no sé nada sobre derechos de autor.

Lo que sí es interesante, es que la dictadura chilena convocara a un referendo luego de que en 1981 se promulgara una constitución que les daba 8 años más de gobierno a los militares. Y para que ese referendo se viera democrático, el gobierno le abrió 15 minutos diarios de televisión a toda la oposición (los democristianos, los socialistas, los liberales etc…) para que hiciera campaña. Esto, luego de casi 20 años de televisión “cerrada”, era una gran oportunidad.

En la película NO, que fue estrenada este año en Colombia, se cuenta la historia, pero no como en otras sobre las dictaduras latinoamericanas. Pienso en las serias -Bananas, de Woody Allen- o en las más serias -La noche de los lápices-; pero estas muestran únicamente la represión de esas dictaduras. Lo que tiene de particular NO, es que, aunque muestra la represión (si no lo hace ¿quién entendería que se vive bajo una dictadura?), cuenta la importancia que tuvo un publicista para aprovechar esos 15 minutos en los que podían decir lo que se les diera la gana por televisión pública, la de la dictadura.

Gael García Bernal actúa en el papel del publicista. Es hijo de exiliados, fue exiliado y es conocido de un dirigente político socialista. Este lo llama para mostrarle la campaña que piensan lanzar. Es un video lleno de cifras, acompañadas de imágenes en blanco y negro, a veces a color, porque a eso se reducen las víctimas cuando hay que mostrarlas en quince minutos. Había que denunciar, poner de frente al chileno contra los horrores de la dictadura.

Pero el personaje de García Bernal, un creativo publicitario, les dice que eso es “mierda”, que con eso no van a lograr nada. Decide trabajar con ellos y de allí surge el lema “Chile, la alegría ya viene”. Para los políticos, conocedores de la historia, de la lucha de clases y de todas esas cosas de las que han llenado la historia, incluso cuando no han pasado, esto es una mariconería o un insulto a las víctimas. “Es un desastre, weón.” El publicista los lleva por el camino de la emoción, de la alegría, de los colores del arcoiris: todo lo que puede ser consecuencia de decir NO. Por el lado de la esperanza, o de la mariconería, weón.

Finalmente, en 1988 gana el NO. La alegría parecía venir, aunque Pinochet siguió gobernando hasta 1990 y después, por el hecho de haber sido presidente, fue senador vitalicio.

La publicidad ganó en esa película, mucho más que la democracia. No sé si la alegría llegó o no, pero el llamado de la publicidad, (aunque permaneció oculta la verdad de las víctimas que ha sido revelada muchas veces en documentales, libros, columnas y artículos de periódico), lo oyeron los indecisos.  Sorpresa para los ciudadanos, los socialistas, los democristianos, pues el referendo había sido realmente democrático. Los votos se contaron, la palabra del que se opone contó; hasta Pinochet debió sorprenderse de lo democrático que fue su régimen en ese momento, aunque le haya tomado dos años dejar la presidencia, y toda una vida dejar el poder.

Así que, según la película,  la publicidad que a veces vende gaseosas y paletas, también podía vender una esperanza. O aire, que es lo mismo.

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