Dra. Corazón

Dra. Corazón

“Dale tiempo al tiempo…” “Si es para ti, pues es para ti…” Yo también he utilizado una y mil veces estas frases y consejos acartonados con mis amigas. Pero es que ¿cómo no? si se te acercan con ese gesto que suplica por algo de apoyo de género, donde todo se convierte en una melosa amalgama arequiposa y pegachenta, llena de cariñitos y mentiritas, que nos dejan el ego en el cielo ¿cómo no?, si cada vez que la torpeza reaparece nos toca acudir como heroínas a medio llenarles ese vaso… o tal vez a llenarnos la boca con cumplidos, halagos y profecías de esperanza.

Yo también he sido doctora corazón, y también me he sentido como un instrumento divino dotado de toda sabiduría y conocimiento en los temas del amor; me he sorprendido de las increíbles palabras que de mi boca emanan, preguntándome cómo es que no aparecen en momentos de debilidad. Y he llegado a concluir que mi indomable “espalda plateada” interior simplemente así lo ha querido. Es entonces cuando lamento decirles queridas pacientes que ese peludo y torpe gorila, reside en cada una de nosotras, y que por lo general, es quien toma las decisiones.

Y si es este primate quien activa nuestros impulsos, y nos dirige “inconscientemente” al sendero de la oscuridad ¿qué debemos hacer?, creo que como dice el gran maestro de la sabiduría cósmica Bruce Lee, quién nos dejo el mejor consejo de la historia: Vacíen sus mentes y… “Be water my friend, be water” Simplemente no temáis hermanas en la fe… ¡no temáis! Este extraño comportamiento, hace parte de nuestra naturaleza y con seguridad es algo que trasciende fronteras. Basta sólo con recordar algunas famosas historias de amor para concluir con desbordante sabiduría lo siguiente: la vida es la vida.

Pasamos entonces nuestra existencia, dándole vueltas y vueltas a estos transcendentales problemas que definen nuestra hormonal humanidad, de corazones hinchados, arrugados, amargados, endurecidos, trágicos y dignos del más rebuscado guión de novela vespertina, sumergiéndonos en las más profundas y oscuras aguas, sintiéndonos de lo peor, dignos de nada y de nadie. Para que al día siguiente escondamos ese mugre debajo del tapete y todo vuelva a su secuencia inicial, donde la Dra. Corazón una vez más, queda archivada.

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